Educando niños felices

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Nada deseamos más los padres que el que nuestros hijos crezcan felices, ahora en su infancia y que estén preparados para tener una vida feliz cuando sean adultos.

A veces nos preguntamos si el hacerles grata la niñez puede hacerlos menos capaces en el futuro, pero la realidad es que la resiliencia, es decir, la capacidad de afrontar y superar los problemas, se comenta en una autoestima sana y en la seguridad de ser valiosos. Y eso nace en la infancia, por eso creo que es importantísimo que los padres nos preocupemos y nos ocupemos del ahora. Y estas cinco ideas os ayudarán a lograr que vuestros hijos crezcan felices.

Trátalo como te gusta que te traten

La educación que nosotros recibimos pesa mucho y sin desearlo tendemos a repetir patrones, a veces sin cuestionárnoslos y a veces creyendo sinceramente que debemos ser duros con los niños para evitar que desarrollen comportamientos inadecuados.

Pero la realidad es que los niños merecen ser tratados como cualquier otro ser humano: con respeto, cariño, y sin ejercer sobre ellos violencias que jamás realizaríamos hacia un adulto y que nos dolería mucho recibir por parte de aquellos de los que dependemos y amamos. Y ser tratados como deseamos que nos traten a nosotros aumenta su felicidad.

Para educar a un niño no existen manuales, ni recetas, ni fórmulas que nos sirvan a todos por igual, pero si debemos tener presente, cuando nos relacionamos con ellos, que el trato que les demos debería ser aquel que nos gusta recibir (o que hubiéramos querido recibir de niños).

Igual que nosotros nos sentimos más felices cuando recibimos afecto, palabras sinceras, serenidad y somos, incluso, corregidos con respeto, ellos responderán. Igual que nosotros nos sentimos dañados y enfadados si nos maltratan, gritan o insultan, ellos también.

Da importancia a sus preocupaciones e intereses

Los niños, como nosotros, tienen un rico mundo interior. Sus vivencias, sus problemas, sus preocupaciones, sus emociones, sus intereses y gustos son, para ellos, tan importantes como para nosotros los nuestros. Y ellos, más que nosotros, necesitan sentirse valorados por el entorno, especialmente por sus padres.

Si, llevados por el ritmo de nuestras vidas adultas, minimizamos lo que ellos necesitan contarnos y compartir con nosotros, les transmitimos la idea de que no importan tanto, que su realidad no son más que tonterías.

Un niño emocionado o triste que recibe indiferencia de sus padres, que no es escuchado o animado, se siente desprotegido. Pierde la capacidad de confiar en que importa, que vale, que tiene derecho a recibir atención. Y el mensaje cala profundamente en él, sembrando la falta de confianza que luego tanto preocupa a los padres de adolescentes. Pero, si de niños nunca tuvimos tiempo para escucharles y nunca dimos importancia a sus vivencias, ¿cómo esperamos que más adelante nos busquen para contarnos sus problemas?

Juega con él

Para el niño la actividad más importante es, o debería ser, el juego. Jugar no es solo divertirse, es la manera en la que los cachorros de humano aprenden y se relacionan.

Cuando los padres comparten juegos con sus hijos les dan valor, les hacen sentirse importantes en la vida de sus progenitores y además, ponen las bases de la confianza y el conocimiento mutuo.

Ten altas expectativas

Nada hay que a una persona le haga pensar que nunca hará nada bien y que fracasará que el que sus padres se lo digan. Si nadie espera nada bueno de ti nada bueno vas a hacer.

Tener altas expectativas no significa que queramos que nuestros hijos sean genios, ni los mejores estudiantes, ni ricos, ni que exijamos que nunca se equivoquen. Tener altas expectativas es esperar lo mejor de ellos, y decírselo.

Decirles que sabemos que son personas maravillosas, buenas, empáticas, con sueños que merecen hacerse realidad, esforzadas, capaces y llenas de amor. Que, como nosotros hacemos, errarán, pero que son capaces de mejorar y superar las dificultades. Que confiamos en ellos, en que son responsables, sinceros y amables, y que una o mil equivocaciones no cambian lo que son, pues son simplemente oportunidades para hacerlo mejor la próxima vez.

Dile lo mucho que lo amas

Y dejo para el final lo más importante para que nuestros hijos sean hoy felices, crezcan felices y lo puedan ser en el futuro: decirles que les amamos, que nada nos preparó para la realidad de la alegría infinita que aportan a nuestras vidas, que siempre los vamos a querer y ayudar, que nos enorgullecen y nos llenan de felicidad. Saberse amado, escuchar que eres amado, es algo que nos hace enormemente felices a nosotros. A ellos más.

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Mireia Long

¿Sabes qué es un niño bien educado?

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Otra vez leo en diversos medios artículos que nos cuentan lo mal educados que están los niños de ahora, caprichosos y mimados, exigiendo que se les pongan claras las cosas y aprendan a obedecer sin rechistar lo antes posible. Y yo, más que deciros como reconocer que vuestros hijos son unos maleducados, os voy a recordar las señales de que los estáis educando muy bien.

Son empáticos

Los niños aman a sus padres, incluso los aman cuando los padres no lo merecen, pero si sois padres que educan bien a sus hijos os daréis cuenta de que a ellos les importa que os sintáis bien, demuestran preocupación si estáis cansados, enfermos o nerviosos y procuran colaborar para que las cosas os sean agradables y os sintáis felices. Los niños demuestran que son capaces de ponerse en la piel de otros y sentir sus emociones. Los niños bien educados son empáticos.

Pronto podréis constatar que, como decía, los niños que reciben una buena educación son empáticos, aunque es justo esperar que a veces sus impulsos y emociones no nos dejen verlo. Pero si no vemos en ellos empatía habitualmente, deberíamos estar alerta y revisar si nuestra manera de tratarlos no es la más correcta.

Los niños aprenden sobre todo de lo que hacemos los adultos, mucho más que de lo que decimos. Así que si sabéis demostrar amor a vuestros hijos y sois sinceros con ellos, evitáis los chantajes o las presiones excesivas, es seguro que ellos os devolverán el amor con creces y os sorprenderán con gestos amables y considerados.

Esta empatía podremos observarla también hacia otras personas, especialmente hacia hermanos pequeños, niños más chiquititos o animales indefensos. Si nuestro hijo hace daño a otras personas, no siente su sufrimiento o le parece divertido, deberíamos preocuparnos. Los niños bien educados quieren que otras personas se sientan bien pues es lo que han aprendido que hacen los seres humanos.

No toleran los abusos de poder

Si hemos educado bien a nuestros hijos sabrán reconocer los comportamientos abusivos y agresivos de otras personas, no aceptarán amenazas y no considerarán que deben callar y obedecer a cualquier adulto, sobre todo si esté no se comporta bien con ellos. Y eso se nos aplica a nosotros mismos. Los niños bien educados no toleran los abusos de poder.

Cuando cualquier persona, incluso si somos los propios padres, actúa de forma injusta o abusa de su poder, un niño con una correcta educación sabrá que merece ser respetado en todo momento y reclamará sus derechos sin miedo.

Si los comportamientos violentos o injustos los sufre fuera del hogar: con la familia, amigos o en la escuela, no temerá contarnos lo que ha pasado directamente, sin dejar que las situaciones aumenten de gravedad. Si le gritamos y nos dice que no le gritemos, es que estamos educándolo bien.

Un signo de que un niño está bien educado es que, incluso, sabe responder a un adulto impertinente o grosero con seguridad y sin faltar al respeto pero poniendo claros los límites de lo que va a aceptar.

Esta educación de autoprotección, respeto y seguridad en uno mismo y sus derechos debe comenzar desde la infancia y será una herramienta que toda la vida le ayudará. Si desde niños les enseñamos que nadie puede faltarles al respeto y que no deben tolerar agresiones de ninguna clase podrán aventurarse en la vida, lejos de nuestra protección, con mucha más tranquilidad y capacidad de reacción.

Son ellos mismos

Los niños transmiten alegría con facilidad pero la felicidad completa no se limita a horas de juego o risas cuando ves algo gracioso, como bien sabemos los adultos. La felicidad competa es una actitud ante la vida y las personas, demostrando que no tememos mostrarnos como somos realmente y acogemos las diferencias de los demás con respeto.

Los niños que se muestran seguros, que hablan con otras personas sin temer recibir burlas o regaños, y que muestran como son capaces de disfrutar de momentos de todo tipo, sin dejarse vencer por las dificultades, nos están enseñando que saben ser felices.

Que un niño sea capaz de mantener sus opiniones sin sentirse intimidado por ti ni por nadie, ni necesite tampoco ponerse agresivo para defender su postura u opinión. Que tu hijo se sienta valioso por ser quien es, que se respete a sí mismo y a los demás es claro signo de que está siendo bien educado.

Señales de que tu hijo está bien educado

Los padres cometemos muchos errores en la educación y la crianza de nuestros hijos. Somos irracionales, caprichosos, mandones, egoístas, ignorantes… en demasiadas ocasiones, pero incluso así podemos educar bien a los niños.

Un signo casi infalible de que estamos educando bien es que nuestros hijos sean personas felices y que a ellos y a nosotros nos haga felices pasar tiempo, mucho tiempo, juntos. Si eso falla, entonces claro que deberíamos replantearnos que estamos haciendo para no educar bien a nuestros hijos y cambiar.

 

Mireia Long

10 ideas Pedagogía Blanca para un verano feliz

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Las vacaciones escolares es un tiempo maravilloso para los niños en los que pueden crecer, jugar, imaginar, correr aventuras y además, aprender muchísimas cosas nuevas acompañados de su familia. Vamos a seguir ofreciendo propuestas para hacer del verano una etapa maravillosa con estas diez ideas más para que vuestros hijos aprendan en vacaciones.

Pasar un día en la Prehistoria

A los niños les fascina la vida de los hombres de las cavernas, al fin y al cabo, lo llevan dentro. Os propongo planear un día en la Prehistoria con ellos. Lo primero, disfrazaros como hombres prehistóricos, con pieles (artificiales que hay) y con la cara tiznada y despeinados (que la verdad es que no creo que fuera necesario no lavarse pero a ellos les va encantar tiznarse y enmarañarse el cabello). Luego elegid un bosque o zona campestre cercana a casa.

Una vez allí preparaos para vivir la experiencia. Podéis construir un refugio con ramas o esconderos en alguna cueva o repecho de rocas. Además, podéis jugar a encender una hoguera (pero sin hacerlo que es muy peligroso), intentar tallar piedra, fabricar un arco o una lanza y recorrer la floresta buscando huellas de animales o posibles alimentos.

Y claro, comunicaros en un idioma inventado y danzar en círculo. Les va a encantar seguro. Recordad inmortalizar los mejores momentos en fotografía y luego hasta podréis hacer un álbum. Incluso podéis hacer un poco de arqueología. No solo lo van a pasar genial sino que podrán aprender mucho sobre la vida en el pasado.

Ir a la biblioteca

Seguro que ya vais alguna vez durante el curso a la biblioteca, pero siempre vamos con prisas y hay mucha gente. En verano las bibliotecas suelen estar vacías y fresquitas. Pasad allí largas horas viendo libros de todo tipo, acostumbrándonos a ese silencio que invita al aprendizaje y la reflexión será maravilloso y podrán mirar todos los libros que quieran con vosotros a su lado.

Observar las estrellas

Durante el curso los niños suelen tener que irse a la cama muy temprano pero en vacaciones ya no es necesario madrugar, por lo que podemos también planificar expediciones nocturnas a zonas donde no exista demasiada contaminación lumínica y dedicarnos a mirar el cielo en toda su inmensidad. Podemos hacerlo a simple vista o usar un telescopio portátil, que existen buenos y no demasiado caros.

Ved las estrellas y los planetas, distinguid las constelaciones y contar sus historias, hablad sobre la exploración espacial y los descubrimientos astronómicos les va a enseñar muchísimo y les hará sentirse parte de este enorme Universo en el que vivimos. Y si hay una lluvia de estrellas, mejor.

Aprender a hacer pan

Preparar los ingredientes, amasar (es muy divertido), ver como la masa sube y luego introducirla en el horno para cocer un pan casero riquísimo que además podemos adornar con frutos secos les hará pasar un rato encantador y muy enriquecedor intelectualmente.

Redecorar la habitación

No me refiero a cambiar los muebles o llamar a los pintores sino a darle un aire nuevo al cuarto de nuestro hijo o a la sala de juegos con posters de sus personajes favoritos, con fotos del niño haciendo lo que más le gusta, con esas enormes pegatinas de pared preciosas, con lámparas o móviles alegres o simplemente comprando nueva ropa de cama o colocando los muebles en otra disposición. Les encantará elegir la decoración y participar en su colocación.

Hacer juntos un Lego enorme

Hay Lego para los más pequeños adaptados a su capacidad pero si el niño ya tiene cierta habilidad con las manos y ha pasado la edad de meterse cosas en la boca podemos aventurarnos en la construcción de un Lego enorme de alguno de sus temas favoritos, aunque seamos nosotros los que vayamos guiándolos en la interpretación de las instrucciones y en la realización. Van aprender muchas matemáticas. ¿Os atrevéis con la Estrella de la Muerte de la Guerra de las Galaxias o con La Puerta Negra de El Señor de los Anillos?

Pintar un mueble viejo

Una vieja silla, una mecedora o una cómoda un poco deslustrada pueden convertirse en una actividad muy emocionante para los pequeños si les dejamos ayudarnos a pintar esos muebles en desuso, siempre que tengamos cuidado de elegir pinturas que no sean tóxicas y trabajemos con protección en la cara y las manos. No hace falta que quede elegante, pero seguro que si les dejamos elegir colores, combinaciones, nuevos accesorios y alguna pegatina quedará precioso y lleno de alegría.

Visitar un castillo

Cerca de casa seguro que hay algún castillo que podemos visitar. España está llena, desde antiguas fortalezas semiderruidas (pero habilitadas para la visita) hasta maravillosos palacios perfectamente conservados. Planear una visita a la Edad Media va a ser una experiencia cultural de la que aprenderán mucho sobre Historia y sobre costumbres del pasado. Podemos leer sobre esta época y sobre el monumento en cuestión, jugar mucho en él e imaginarnos como sería la vida de aquellas gentes. Y, por supuesto, disfrazarnos e inventar historias de caballeros, dragones, torneos y búsquedas mágicas.

Disfrazarnos de piratas

Los viernes los pastafaris se disfrazan de piratas y a los niños les encanta hacerlo en cualquier ocasión. Preparad los garfios, camisas, botas, sombreros con loro, espadas y parches y proponeos pasar un día emocionante imaginando la llegada a una isla desierta, la travesía por los mares del sur y además, la búsqueda de un tesoro con un juego de pistas. Seguramente repetiréis y se os unirán todos sus amiguitos.

Construir una cabaña o un tipi

La última actividad que os propongo puede ser muy simple o necesitar mucha planificación, se trata de construir una cabaña con troncos caídos y ramas, atada con cuerdas y tapándola con una manta. Es importante llevar pala para asegurar las maderas y hacer segura vuestra cabaña, para que no pueda caerse sobre vosotros, aunque casi mejor usar ramas que no pesen mucho para evitar cualquier contratiempo. Vais a pasar un día intensísimo de búsqueda de materiales y construcción con los niños.

Os animamos, con estas ideas, a acompañar a vuestros hijos en unas vacaciones llenas de diversión, aventuras inolvidables en familia y un intenso trabajo en muchas áreas de conocimiento. Será un verano perfecto y de aprendizaje.

Mireia Long

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A comer!!!

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Bueno, bueno… Otra gran oportunidad del verano: reconducir a nuestros hijos hacia la alimentación sana.

Ya, éste no es un blog de alimentación, lo sé, no voy a hablaros de datos sobre los alimentos a los que se puede acceder por todas partes, pero me parece importante hablar sobre este tema y reconducirlo hacia las actividades que podemos hacer con nuestros hijos encaminadas hacia la cultura alimentaria.

Muchos de los niños de este país se pasan 11 horas en el colegio. Algunos llegan a las 7:00 AM, a desayunar en el cole y se marchan a las 18:00 horas, después de la merienda.

Tenéis presente los nutrientes que han asimilado durante este laaaaaaarguísimo periodo de estancia en el colegio? Seguramente no, porque no es lo mismo alimentarse que nutrirse.

De ahí mi propuesta. Este verano, dedicad un tiempo importante a la cocina con vuestros hijos. Les encanta colaborar, preparar lo que se van a comer, de hecho, así terminan comiendo cosas que, presentadas de otro modo, no comerían. Que aprovechen para reponer fuerzas, mejorar su sistema inmune y disfrutar con la comida.

Que participen en la cocina es otro espacio para estar juntos, para charlar de intereses comunes, para saber qué les gusta más y qué menos, para manipular alimentos y herramientas progresivamente, para aprender…

En casa, la cocina es un aula perfecta para trabajar las matemáticas: pesos, cambio de unidades (cl, ml, l, g, dg…), fracciones (un cuarto de kilo de lentejas, medio vaso de agua…), coste de los ingredientes, porcentajes y mil cosas más. Las posibilidades son infinitas.

También manejamos la química. la tecnología, el inglés, la lectura, la geografía mundial (nos encanta la cocina asiática y árabe, por ejemplo) y, sobre todo, trabajamos la comunicación mientras cocinamos y la atención plena a lo que estamos haciendo. Mejora la psicomotricidad fina.

Y, además de todo esto, podemos ser creativos y preparar mesas bonitas, decoradas con elementos sencillos que tengamos a nuestro alrededor: flores, piñas, dibujos, velas, cartelitos para los comensales hechos a mano, manteles decorados por los niños con pintura especial para tela…

Utilizar moldes con formas, recetas divertidas, que se hagan un gorro de cocinero, un delantal, que tengas sus propias herramientas de trabajo, un posavasos personalizado…

No perdáis la oportunidad de animarles a participar en la cocina y enseñarles la diferencia entre un buen alimento y el que no lo es. Su salud también está relacionada con su felicidad.

Planea tus vacaciones en la playa con la Pedagogía Blanca

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Seguro que los días de playa van a ser una oportunidad maravillosa para pasar tiempo de diversión y descubrimiento con vuestros hijos. Os proponemos algunas actividades y manualidades para un día de playa con los niños que son pura Pedagogía Blanca en acción: aprendizaje y diversión.

A los niños les encanta la playa. Pueden correr libres, mojarse, tirarse por el suelo, salpicar, estar descalzos, sentir el sol, el agua y el aire en su piel. Se sientes llenos de energía y alegría, aunque luego lleguen reventados a casa.

Pero hay ratos en los que también pueden aburrirse, sobre todo si no hay muchos otros niños conocidos con los que jugar. En realidad, que no los conozcan no importa, seguro que, si son tímidos, podéis ayudarles a hacer nuevos amigos o convertiros en la familia más interesante de la playa si jugáis con vuestros hijos.

Para que el día de playa sea perfecto podemos planificar sencillos juegos y actividades que ir proponiéndoles cuando los veamos escasos de ideas.

Cuadro con huellas en la arena

Nuestra primera propuesta necesita un poco de planificación y, aunque se puede hacer en casa, si lo hacéis en la playa va a ser divertidísimo Consiste en hacer un molde con arena en la que podéis dejar huellas de sus pies o sus manitas y luego, cubriéndolo con cola, dejarlo secar para hacer un cuadro de imborrables huellas.

Caja sensorial con arena de playa

Una caja sensorial es una caja o recipiente lleno de materiales táctiles que los niños pueden explorar. Nosotros vamos a usar arena para meter en ella toda clase de objetos: pueden ser cosas que recojamos en la playa o cualquier tipo de materiales. Lo ideal es que haya cosas de tamaños, formas, texturas y durezas diferentes: plástico, madera, metal, tela, celofán, papel, papel de plata, hojas, piedras, palitos, conchas… no hay límite.

Va a ayudar a que los niños ejerciten su motricidad fina y el discernimiento y clasificación de objetos y además ayuda a mejorar la capacidad para describir verbalmente lo que tocan.

En la caja o cajón sensorial de arena de playa meteremos los pequeños juguetes y objetos y los invitaremos a describirlos primero con el tacto y luego ya, mirándolos.

Caja sensorial marina

Esta variante de la caja sensorial, la caja sensorial marina estimula también su sentido del tacto, la capacidad de imaginar y adivinar y su expresión verbal. El cajón deberá ser de plástico (una bandeja de las que usan los gatos es ideal) y la llenaremos de agua, introduciendo en ella animalitos marinos de plástico (mejor si no han jugado nunca con ellos para que sea más divertido adivinar) y piedritas, restos de algas y conchas. La arena y el agua son, como veis, fuente de juegos maravillosos.

Colección de conchas y piedras mágicas

 

En las playas podemos encontrar toda clase de maravillosos tesoros que coleccionar. Basta pasear por la orilla con los niños e ir recopilando lo que llame su atención. Habrá conchas de todo tipo, caracolas, piedras de todos los colores y esos cristales pulidos por la arena que parecen piedras preciosas.

Guardar nuestra colección de conchas y piedras mágicas y clasificarlas será un placer que, además, si la edad del niño lo permite, podemos complementar con explicaciones sobre su origen, sobre las fuerzas de la Naturaleza que las han ido erosionando y también imaginar juntos historias sobre el lugar donde cada una se formó y todas las aventuras que ha corrido hasta llegar hasta aquí. Este juego en la arena de la playa va a ser la estrella del verano seguro.

Hacer rocas

Otra actividad creativa y superinstructiva es hacer rocas, permitiéndoles a los niños comprender mejor los mecanismos naturales de la sedimentación. Debéis recoger arena fina, arena gruesa y pequeñas piedritas e ir poniendo capas en un molde, cubriendo cada una de ellas con cola y dejándola secar antes de añadir la siguiente capa con un material diferente.

Al final tendréis varios estratos diferenciados y una original obra maestra que les encantará conservar. Los moldes de silicona son ideales para poder extraerla sin problemas cuando esté seca y dura.

Medallón con conchas

Una variante de esta actividad es fabricar un medallón con conchas. En ese caso el molde debe ser redondo y pequeño. Ponemos la arena con la cola y cuando empiece a endurecer lo decoramos con rocas. Es importante acordarnos de meter un cordel al principio, para luego poder hacer el colgante. Para terminar, una vez seca y sacada del molde, podemos decorar con purpurina y barnizar.

Como veis, podéis hacer muchas actividades y manualidades con los niños relacionadas con la playa que además, se convierten en verdaderos tesoros que os harán recordar a toda la familia estas vacaciones maravillosas.

Mireia Long

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Acuerdos

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El verano es una fuente inagotable de recursos para aprender.

Sin la presión del horario escolar, exámenes, memorizaciones, actividades extraescolares fatigosas, madrugones, etc… nuestro cuerpo se relaja y se predispone a captar todo aquello que le sea interesante a su alrededor.

Yo recuerdo cada verano, cada viaje, cada experiencia, cada visita a otras ciudades, detalles de los juegos con mis primos y hermanos como si fuese ayer.

Así que, debemos aprovechar cada instante para que nuestros hijos se empapen de cosas positivas durante este largo periodo de valor incalculable.

Sí, lo sé, no todos tenemos la suerte de poder compartir con ellos todo el tiempo, pero el que dispongamos deberíamos disfrutarlo sin límite.

Además de pasarlo muy bien, los niños aprenden muchas cosas que les servirán de por vida. Ese es el verdadero aprendizaje, el que vale, el que nos aporta.

Una faceta interesante que nuestros hijos, alumnos y todo el mundo en general debería aprender y poner en práctica es la toma de decisiones en consenso: los acuerdos.

A mí, personalmente, es algo que siempre me ha interesado que aprendan y, además, hemos puesto en práctica desde que eran pequeños.

Evidentemente, cuando son pequeños, hay que establecer opciones reales y límites dentro de los que a nosotros nos interesen que se muevan.

Por ejemplo: “¿Qué hacemos hoy de cena: tortilla de patata o pescado asado?”. Ellos encuentran un límite para decidir, que son esas dos opciones, y nosotros las hemos establecido dentro de nuestras posibilidades reales.

No tienen ningún sentido preguntar “¿Qué os apetece cenar hoy?” y que luego, ante su respuesta, tengamos que decir “eso no puede ser, no tenemos ingredientes” o algo similar.

O, si por ejemplo, vamos a cenar en un restaurante y le ofrecemos la carta para que elijan, deberíamos revisar primero nosotros las opciones y marcarles o dejarles claro qué no pueden pedir (porque pica mucho, porque es una cantidad excesiva, porque sabemos que no les va a gustar, etc…).

En cuanto al verano, a mí me encanta que vengan amigos de mis hijos a casa y a ellos también. Cada verano procuro que pasen juntos, al menos, una semana disfrutando de nuestro espacio (vivimos en el campo), de sus juguetes, de sus cabañas en los árboles y del calorazo que hace, jejejejejejeje…

La primera noche, que suele ser cuando llegan, les ofrezco el siguiente material:

– Una cartulina grande.
– Tijeras.
– Pegamento.
– Rotuladores.
– Papeles de colores.

Objetivo: que entre todos decidan qué actividades quieren realizar durante esos días.

Todos opinan, todos aportan ideas y deseos. Luego se condensa en actividades diarias para que todos sientan que su propuesta es realizable y se van apuntando en papelitos sueltos. Ah, y utilizando el plural para todas las acciones.

Por ejemplo:

– Bañarnos
– Cocinamos
– Hacemos manualidades
– Hacemos teatro
– Vemos una peli
– Desayunamos
– Merendamos
– Jugamos a los lego
– Descansamos cada uno como queramos
– Escribimos un diario
– Hacemos una excursión
etc…

Cuando ya tenemos todas las actividades decididas, las vamos colocando sobre la cartulina en el orden lógico o no (acordado por ellos) y las pegamos.

Ese “ACUERDO” lo colgamos en un lugar visible, por ejemplo en la puerta, y así ellos se sienten orientados dentro del espacio desconocido que es nuestra casa. En cualquier momento pueden ir a consultarlo y saber qué han decidido hacer a continuación y prepararse, preparar el material necesario, etc…

Funciona bastante bien. Sobre todo porque suelen ser entre 12 y 17 niños y sería un chorreo de preguntas constantes de “qué hacemos ahora”.

Cuando alguno propone un cambio, se sientan, lo hablan y, si a todos les parece bien, se realiza. Es una guía que suele funcionar pero, como siempre puede haber imprevistos, no es estricta.

Os lo recomiendo!!!

¿Qué pueden aprender este verano los niños?

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La libertad de horarios y el poder, casi siempre, de pasar unos días fuera de la ciudad habitual, ya suponen una extraordinaria oportunidad para el aprendizaje en verano, mucho mayor que ir cargando con tareas escolares.

Pero, además, podemos programarnos y realizar actividades específicas que seguro que los niños y nosotros disfrutaremos y que van a proporcionales, en verano, enseñanzas inolvidables, vivenciales y activas.

El ser conscientes de lo mucho, muchísimo, que aprenden los niños en el hogar y en el verano es ya una propuesta para cambiar la Educación con peso propio. Y si, además, nos organizamos para proporcionar oportunidades conscientemente, veremos cómo, en realidad, quizá va a ser cuando más vayan a aprender.

Excursiones en la Naturaleza

Si vivimos en la ciudad tendremos pocas oportunidades de disfrutar del saludable y enriquecedor contacto directo con la Naturaleza, que tan necesaria es para el equilibrio y la creatividad de los niños. Ahora es el momento.

Dar un paseo por el bosque, escalar una montaña, pasear por los senderos, recoger hojas y piedras, observar animales y plantas, descubrir los cambios del cielo y las estrellas… todo eso supone un verdadero aprendizaje del medio.

Y es que esto, no lo olvidemos, es mucho más real que nada de lo que podamos encontrar en ningún libro escolar. Aprovechemos el verano para fomentar el contacto con la vida que nos rodea preparando excursiones en la Naturaleza lo más “salvaje” posible y también estimular que los niños se ejerciten explorándola.

Visitas culturales

Igual que deberíamos planificar excursiones en el bosque y el campo, en la medida de nuestras posibilidades, igualmente podemos aprovechar las vacaciones para llevar a los niños a conocer ciudades nuevas y pueblos con interés histórico y artístico, de lo que, sin duda, se llevaran recuerdos y conocimientos que quedarán asentados en su memoria.

Imaginad lo que el niño aprenderá visitando La Alhambra, Toledo, las iglesias prerrománicas en Asturias, cuevas prehistóricas, la Sagrada Familia, la Tarraco romana, Numancia, Segóbriga, la catedral de León, el Madrid de los Austrias.

Sin salir de España hay mucha cultura que conocer de primera mano, estando presente y no solo estudiando. Y si planeáis un viaje a otro país, el propio viaje y la nueva cultura ya van a suponer un gran conocimiento nuevo que podéis aprovechar para completarlo con explicaciones y alguna visita de interés cultural.

Sea cual sea vuestra formación podéis acompañar las visitas con explicaciones, ahora internet es una fuente de información excelente que podéis aprovechar para convertiros en los guías y maestros de vuestros hijos.

Además, incluso sin salir de vuestra ciudad, seguro que hay algún museo, exposiciones y monumentos que podéis visitar con ellos. En verano muchos lugares, además, planifican actividades culturales especialmente pensadas para las familias. Os aseguro que son una gran fuente de aprendizaje para los pequeños, mucho más que hacer deberes escolares en vacaciones.

Si viajáis al pueblo también hay mucho que aprender. La vida en el medio rural, las costumbres y fiestas con su significado, la pequeña iglesia, las granjas y el trabajo del campo. Buscad lugares cercanos: monasterios, pueblos con plazas antiguas, casas con escudos nobiliarios, restos arqueológicos… todo eso también es aprendizaje a su alcance.

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Mireia Long

Un verano sin deberes

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Os proponemos un verano sin tareas escolares, propuesta que dirijo a maestros, pero igualmente a los padres, que son, en definitiva, los que tienen que decidir si permitirán que sus hijos pasen tiempo en sus vacaciones con libros de repaso.

Si tener deberes después del colegio es algo de dudosa utilidad, hacerlo en verano es realmente incomprensible, aunque algunos niños, acostumbrados a dedicar a eso su tiempo, puedan pedirlos explicando que se aburren sin estas tareas.

La supuesta utilidad de las tareas en vacaciones

Se habla de la utilidad de las tareas escolares en vacaciones con mucha facilidad, pero el tiempo libre, las vacaciones, tienen precisamente una razón, desconectar cerebro y cuerpo de las obligaciones cotidianas y permitirnos decidir libremente en que lo ocupamos.

Raros son los adultos que se llevan trabajo a sus vacaciones y será en casos muy particulares. Pero, ¿qué os parecería que os mandaran seguir trabajando unas horas al día en vuestro veraneo para no perder el hábito de trabajar o que no se os olvide como se hace?

Esa es la más habitual justificación de las tareas escolares en verano, que los niños no pierdan el hábito de trabajo y que no se les olvide lo que han estado haciendo durante todo el curso. Y, la verdad, me parece una esclavitud intolerable. Si alguien tiene derecho a disfrutar libremente de su tiempo de vacaciones son los niños.

Deberíamos, de todos modos, analizar si la justificación, por muy injusta que sea, tiene alguna base real. Mi respuesta contundente es que no. Si el niño ha pasado su curso con éxito se supone que ha asimilado los conocimientos preceptivos y si algo se le olvidara, seguro que el año siguiente en unos días se pone otra vez en marcha.

Si el niño ha tenido problemas en el curso necesitará, posiblemente, recuperarse de la tensión y desarrollar otros métodos de aprendizaje alternativos que quizá sean precisamente los que mejor se adaptan a sus características personales.

Y es que, si el colegio y el profesor y el trabajo cotidiano no han logrado que asimile determinados conocimientos, ¿de verdad el pasarse el verano machacándolo va a servirle de algo que no sea aborrecer más el aprendizaje?

Los libros de tareas escolares o las lecturas obligatorias en verano no suelen aportar nada nuevo, sencillamente suponen seguir repitiendo del mismo modo lo que se ha hecho durante los largos meses de escuela. No aportan nada, no enseñan nada, y además, no creo que lo que un niño pequeño necesite repetir cuentas y letras todos los días, pues, si lo necesitara, más bien habría que cambiar el método o analizar su personal ritmo y forma de aprender.

Todo lo que aprende el niño en vacaciones

Si, por un lado, entendemos que los niños tienen derecho a tener verdaderas vacaciones sin carga lectiva ni “trabajo” y además, aceptamos que la utilidad de estos deberes veraniegos no les aporta demasiado, nos puede quedar la duda de si el verano se va a convertir en tiempo perdido en cuestiones de aprendizaje.

Tranquilos, en verano y vacaciones los niños aprenderán muchísimo y realizan, además, un aprendizaje realmente indispensable para su desarrollo. Sin duda alguna en verano los niños aprenden tanto o más que en el colegio.

Muchas veces durante el curso los niños apenas tienen tiempo libre entre las horas de clase, las extraescolares, los traslados y la necesidad de adaptarse a los horarios de los adultos. Sus relaciones sociales están muy mediatizadas por la falta de tiempo y el ambiente escolar, en el que el grupo con el que conviven a diario más horas viene determinado por la edad o el apellido.

Los propios padres, con sus obligaciones laborales, están poco presentes y se hace, además, complicado, en muchos casos, ver a la familia extensa tanto como los niños desearían. Conocer mejor a otras personas a las que se sienten unidos emocionalmente es una manera de aprender sobre el mundo y las relaciones humanas de forma natural. No deberíamos limitar el tiempo de esta experiencia porque hay que irse a hacer deberes.

Ahora pueden reforzar lazos con sus primos y hacer nuevos amigos elegidos por afinidad y no por cercanía. ¿De verdad pensamos que eso no es un aprendizaje que realmente necesitan hacer sin verse otra vez interrumpidos por fichas o estudio formal?

Ir al campo, explorar, jugar sin hora fija, aburrirse hasta inventar o encontrar su pasión, leer lo que les apetezca… todo eso es indispensable para el desarrollo físico y emocional sano de los niños y es en verano cuando van a tener las mayores oportunidades para desarrollar estas actividades.

Sin embargo, esto solo es el principio, el aprendizaje que van a realizar los niños en un verano sin tareas escolares es mucho más extenso y complejo. En el próximo tema vamos a profundizar en las extraordinarias posibilidades de aprendizaje que las vacaciones os ofrecen.

Mireia Long

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¿Qué harás este verano con tus hijos?

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Hay muchas actividades mucho más interesantes e intelectualmente enriquecedoras que llevar tareas que hacer durante el verano y que harán que sigan aprendiendo mucho en vacaciones.

 

Los niños tienen derecho a desconectar, igual que los adultos, y lo necesitan mucho más. Ya han hecho y aprendido lo que tenían que aprender en el colegio durante el curso y ahora, con las vacaciones, es hora de disfrutar el tiempo libre y de la libertad.

 

Sin embargo las vacaciones no son terreno yermo para el aprendizaje, todo lo contrario. Hay muchas actividades que pueden hacer y que enriquecerán sus mentes y ampliarán sus conocimientos y perspectiva. Os dejo algunos ejemplos en forma de diez ideas para que vuestros hijos sigan aprendiendo en vacaciones.

Cocinar juntos

 

La cocina es una de las actividades que podemos realizar en familia y de la que los niños más disfrutarán. Nos va a dar la oportunidad de estrechar lazos con ellos, además de hacer ejercicios de motricidad fina, aritmética, volúmenes, formas, pesos y medidas, incluso para trabajar conceptos básicos de física y química.

 

Ayudarnos a decorar magdalenas, poner los ingredientes de una pizza, revolver una salsa o batir unos huevos les va a encantar, pero no hay límites (además de la seguridad con cuchillos y fuegos) que vayamos a tener.

Largos paseos en la Naturaleza

 

Pasear por el campo, la playa o la montaña, incluso por un parque arbolado que esté cerca de casa es una oportunidad magnífica de introducir en la conversación temas de ciencias naturales y conocimiento del medio: las plantas, los animales, el tipo de cultivos, el clima, las nubes, el movimiento del Sol y la Luna, la orografía y las rocas, la sedimentación y la erosión son aspectos visibles, que pueden tocar y que les fascinará que les expliquemos de manera sencilla.

 

Y si acompañamos el paseo con una merienda que nos hayan ayudado a preparar, el día será completo. Eso sí, no olvidéis gorros, agua abundante y protección solar, lo que además nos invitará a hablar sobre el cuidado de la salud.

Hacer pompas de jabón

 

¿Recordáis lo fascinante que era hacer pompas de jabón y verlas volar, perseguirlas, aplastarlas? Esa experiencia sigue haciendo que los niños disfruten enormemente. Podéis hacerlas al método tradicional, con una pajita y haciendo la preparación casera, o comprarla ya hecha, o incluso buscar un tutorial sobre cómo hacer pompas gigantes. La diversión está servida en una tarde calurosa.

Crear instrumentos musicales con objetos de uso cotidiano

 

A la mayoría de los niños les encanta hacer música y también hacer manualidades con sus padres. Podéis hacer vuestros propios instrumentos y preparar hasta un concierto. Con rollos de papel de cocina, botes de yogurt, cajas, gomas, garbanzos y cosas igualmente sencillas podéis hacer maracas, palos de agua y hasta una sencilla guitarra podréis crear instrumentos musicales con objetos de uso cotidiano. Y si sois mañosos, hasta una flauta casera con cañas.

Helado en una bolsa

 

Con una bolsa de plástico, hielo, sal y una palangana podéis preparar un delicioso helado casero, realizando un experimento científico que les mostrará conceptos prácticos sobre la temperatura y las transformaciones que sufre la materia según el calor y la mezcla de productos. Y además, podréis comer un helado casero y sanísimo.

Hacer una colección de minerales y rocas

 

En nuestros paseos podemos recoger piedras que llamen la atención de los niños o parezcan interesantes por su forma o composición y luego intentar identificarlas haciendo nuestra primera colección de rocas y minerales. No es necesario que la colección sea completísima ni que acertemos exactamente, pero la elección de los ejemplares, su identificación (podéis comprar un libro, ir a la biblioteca o buscar por internet), clasificarlas, etiquetarlas y ponerlas en una pequeña exposición. Las preguntas vendrán solas: ¿cómo se ha formado cada tipo de roca o mineral?, ¿donde más se encuentra?, ¿qué usos tiene?

Visitar un Parque Natural

 

Seguro que cerca de vuestra casa o lugar de vacaciones hay alguna zona de interés especial como un Parque Natural. Planificar una excursión, buscando las características de la zona e investigando sobre la fauna y flora o los elementos geográficos más llamativos ya será una actividad educativa por sí misma, pero cuando la completemos con la experiencia real de la visita, se volverá de verdad inolvidable y hará que los niños aprendan muchísimo de la Naturaleza y de su propio entorno.

Volar cometas

 

Volar una cometa es otra de las experiencias lúdicas y educativas que ningún niño debería dejar de vivir. El viento y su fuerza se experimentan directamente, abriendo la mente a conceptos de física e ingeniería que van a dejar huella en ellos. Incluso podemos hacer nosotros mismos la cometa ayudados por los niños. Les encantará. Nosotros aún conservamos la que mi hijo hizo con su abuelo. Es un tesoro.

Hacer un poster con fotos familiares

 

¿Qué mejor manera de recordar todas estas aventuras y descubrimientos que plasmándolas en un poster lleno de fotos familiares?

 

Además de repasar lo que hemos aprendido los niños trabajarán su motricidad fina con las tijeras y el pegamento, y también su sentido artístico, eligiendo colores y formas.

Hacer un safari fotográfico

 

Ahora existen cámaras de fácil manejo pensadas para niños pequeños, muy resistentes y sencillas. Y si no, con el teléfono, que seguro que saben manejarlo incluso mejor que nosotros. Podemos planear un safari fotográfico incluso en nuestra ciudad o pueblo, recorriendo sus calles y fotografiando lo que ellos quieran: plantas, tiendas, rincones especiales, la luz, las personas. Será otra experiencia educativa y emocionante para ellos.

 

Como podéis ver hay muchísimas actividades que podéis planificar estas vacaciones para que vuestros hijos disfruten de vuestra compañía, se diviertan y además aprendan muchas, muchas cosas.

Mireia Long

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¿Hay violencia estructural en las aulas?

Te invitamos a escuchar el podcast en el que debatimos sobre este tema con el psicólogo Ramón Soler y la escritora Elena Mayorga de “Mente Libre”, la bióloga Irene García Perulero, directora del programa “Ni putas ni princesas”, la diseñadora, educadora y activista Meninheira de “Educativos Meninheira”, y Azucena Caballero y Mireia Long de la “Pedagogía Blanca”: